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viernes, 24 de diciembre de 2010

Ya estaba dicho todo, no había nada más que hablar, y sin embargo, allí seguía yo.. sentado en aquel sofá de aquel bonito bar al que solíamos ir. Sentado a su lado, aguantando el peso de su cabeza sobre mi hombro y su larga melena revoloteada hacía cosquillas en mi rostro. Nos miramos durante unos largos e interminables segundos y en ese momento supe que nada más en el mundo importaba, que no había más eternidad que aquel instante, esos ojos increíblemente grandes y azulados se clavaban en mí, y mi corazón pedía que la besase.

Todavía no entiendo como no lo pude hacer. Quizá es fruto de mi madurez; sabía que si lo hacía, nada de lo que había pasado en las 2 horas anteriores hubiera tenido sentido, y los vagones del tren en los que viajamos, se hubiesen soltado por completo y el tren se hubiera estampado finalmente.

Hemos conseguido parar el tren, estaba a punto de destruirse todo, y ahora necesita reparación, no se cuanto durará, pero sé que será suficiente para que finalmente lo pongamos en marcha de nuevo...

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